Mitos sobre el ahorro que no debes creer (I)

¿A ti también te enseñaron tus padres y abuelos que ahorrar era algo bueno? ¿Recuerdas cómo insistían en que debías acostumbrarte a hacerlo para que te fuese bien en la vida? Aprender a ahorrar desde pequeño tenía muchas ventajas, Para empezar, te permitía ser independiente. ¡Qué bien te sentías al gastar parte de tus ahorrillos sin tener que pedir dinero! Según te fuiste haciendo mayor, ahorrando con paciencia incluso pudiste empezar a darte algún capricho más caro: un bolso, un videojuego, unas botas de piel. Pero por encima de todo esto, parecía que tenías que aprender a ahorrar y a vivir dentro de tus posibilidades simplemente porque era lo correcto, porque ser un manirroto derrochón no estaba bien y te traería un montón de problemas en el futuro. Cuando nos hicimos adultos, sin embargo, las cosas cambiaron para muchos de nosotros, ¿verdad? De repente, ahorrar pasó a ser algo anticuado, una costumbre propia de ancianos. Lo divertido y actual pasó a ser gastar y no privarse de nada. ¡Ya tendrías tiempo de ahorrar más adelante! Bueno, pues nada de eso es cierto, y tampoco lo son muchas creencias que se han difundido acerca del ahorro y que han conseguido que tantas personas lo consideren algo anticuado, impopular e innecesario. A desenmascarar algunas de ellas voy a dedicar este artículo y el siguiente.

El tío Gilito y los mitos del ahorro

Mito número 1: ahorrar es cosa de avaros y tacaños

Cuando alguien te habla de ahorrar, ¿eres de los que responde «es que yo no quiero ser el más rico del cementerio»? Por desgracia, ahorrar evoca en demasiada gente las penurias del avaro Scrooge del Cuento de Navidad de Dickens o la piscina de monedas de oro de Gilito, el tío del pato Donald. Para muchos equivale a vivir incómodamente y con privaciones. Quizá los tacaños puedan soportar vivir así, pero la gente normal no (yo creo que ni siquiera los tacaños lo aguantan, pero eso es otra historia). Si piensas que ahorrar es no gastar, te equivocas, y quiero decírtelo bien claro: disfruta gastando tu dinero en lo que más te guste. Simplemente, no olvides reservar una parte de cada nuevo ingreso que recibas para hacer frente a gastos imprevistos, para inversiones o grandes compras como un coche o una vivienda, o para pagar la educación de tus hijos. ¿Te das cuenta de que no se trata de ser un tacaño? Se trata de ser previsor, de entender que tu vida, tus planes y tus ilusiones no abarcan sólo el presente, sino que alcanzan también a tu futuro. Ahorrar no te condena a una vida de estrecheces, al contrario, te procura una vida de seguridad y comodidades también en el futuro.

Mito número 2: ahorrar perjudica a la economía

Cuando oigas a alguien decir «si todos ahorráramos y nadie consumiera, nadie gastaría y la economía se hundiría», no te lo creas. Si fuese verdad, lo mejor para la economía sería que todos fuésemos unos manirrotos, que gastásemos hasta el último céntimo, y que después pidiésemos préstamos para seguir gastando. Piensa un momento: ¿de verdad crees que tu economía o la de tu familia se mantendría a flote durante mucho tiempo si la gestionases así? Sin embargo, eso es lo que muchos «economistas expertos» recomiendan. Y para constatar el desastre al que conducen sus recomendaciones basta mirar en qué estado se encuentran las finanzas de los países que con más alegría siguen sus consejos (Estados Unidos, Francia, España y tantos otros). ¿Quieres saber por qué cada vez pagas más impuestos? Ahí tienes la respuesta: por culpa de los gobiernos manirrotos de estados quebrados que gastan a tu costa como si no hubiese mañana. Tú no hagas lo mismo. El dinero que no gastes lo guardarás en el banco hasta que decidas dónde invertirlo. El banco lo prestará para que otros compren viviendas, automóviles, maquinaria, o lo inviertan en empresas. No te preocupes: tu dinero no estará ocioso. Precisamente, el negocio del banco consiste en moverlo obteniendo rendimientos. Y si no te fías de los bancos y prefieres guardarlo en una caja de zapatos la economía tampoco sufrirá, descuida. No te lo vas a comer ni lo vas a quemar para calentarte, ¿verdad? Más adelante lo gastarás todo o en parte en lo que te apetezca. Es tu dinero y tienes derecho a gastarlo cuando y como te plazca. Y hasta que llegue ese momento, la economía seguirá funcionando tan bien como se lo permitan.

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Acerca de Luis Alberto Iglesias
Profesor, formador, traductor e intérprete. Liberal. Director comercial en www.elartedepresentar.com El conocimiento es la vacuna contra la ignorancia que vuelve a las sociedades presas fáciles de demagogos, totalitarismos e ideas incorrectas.

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