Cuatro pasos para convertirte en inversor a largo plazo sin esfuerzo

La semana pasada el Instituto Juan de Mariana ofreció su 2ª Jornada de Finanzas Personales e Inversión en la Fundación Rafael del Pino de Madrid. Pronto podrás ver en este blog los vídeos de todas las conferencias presentadas. Mientras llega ese momento, me ha parecido oportuno rescatar este pequeño artículo que publiqué en otro blog el año pasado poco después de aquella jornada. Espero que te resulte útil e interesante.

Cuatro pasos para convertirte en inversor a largo plazo sin esfuerzo

La semana pasada tuve el privilegio de participar en la 1ª Jornada de finanzas personales del Instituto Juan de Mariana. A lo largo de las casi cinco horas que duró el acto especialistas de la inversión, las finanzas personales y la fiscalidad repasaron los principios básicos para planificar las finanzas de un hogar, invertir los ahorros de forma prudente y rentable, y tributar de una forma óptima por los rendimientos obtenidos. Si no pudiste asistir, podrás ver los vídeos de las ponencias que el Instituto publicará pronto en su canal de YouTube. Hoy te quiero ofrecer un resumen de cuatro recomendaciones que se explicaron durante el acto para que cualquier persona pueda transformarse en inversor a largo plazo sin apenas esfuerzo.

Primer paso: planificar tus finanzas personales para ahorrar todos los meses un poco

Todos los ponentes estaban de acuerdo en lo mismo: ahorrando mensualmente cantidades pequeñas e invirtiéndolas a largo plazo se pueden obtener resultados extraordinarios. Todos  enfatizaron la necesidad de adquirir el hábito del ahorro, aunque sea de cantidades tan pequeñas como 50€ al mes. El asesor financiero José Luis Benito proyectó la siguiente tabla para demostrar cuánto dinero puedes llegar a obtener (antes de impuestos) invirtiendo cada mes 300€ a un interés medio —bastante conservador— del 5% a lo largo de 30 años:valor final ahorro mensual

Siguiendo los consejos publicados en este blog no debería resultarte muy difícil ahorrar cerca de 300€ mensuales e invertirlos en un fondo de inversión que te proporcione una rentabilidad aún mayor.

Segundo paso: Invierte tu ahorro mensual en un buen fondo de inversión y déjalo crecer a largo plazo

Los ponentes insistieron en que los bancos no siempre ofrecen a sus clientes los mejores fondos de inversión. Fuera de la red de distribución bancaria existen gestoras de fondos con productos que dan una rentabilidad muy buena y cobran unas comisiones tan competitivas o más que las de los fondos de los bancos. Muchos de estos fondos no exigen un importe mínimo de inversión y puedes participar en ellos ingresando unos pocos euros al mes. En este mismo blog he explicado cómo invertir en fondos de inversión.

Tercer paso: Deja que el transcurso del tiempo haga crecer el dinero que has invertido

Los especialistas lo llaman «la magia de la capitalización compuesta», y es el proceso que consigue que invirtiendo 300€ todos los meses a lo largo de 30 años termines acumulando casi 251.000€ sin que tengas que hacer nada. Bueno, sí que hay algo que debes hacer: alejar tus manos del dinero que has invertido. No lo toques. Haz como si no existiera. Si caes en la tentación de retirarlo prematuramente pagarás por ello de dos formas: habrás interrumpido el proceso mágico de la capitalización compuesta y tendrás que abonar impuestos a Hacienda por las ganancias que hayas obtenido. Así que haz caso a los especialistas y deja que tu ahorro crezca con el paso de los años.

Cuarto paso: «Atesora como un rey y paga como un lacayo»

Con esta máxima el asesor José Luis Benito nos animó a planificar bien nuestras finanzas para no pagar más impuestos que los estrictamente necesarios e inevitables, y a organizar nuestro ahorro de manera que nos produzca rendimientos a lo largo de muchos años dentro de productos financieros que disfruten de una fiscalidad diferida, o sea, que no tengamos que pagar impuestos por ellos hasta el momento de sacar el dinero al cabo de muchos años de inversión.

Ya tienes la información. Lo más importante es dar el primer paso.

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¿Es posible ahorrar y disfrutar de la Navidad? ¡Sí!

Como ya he explicado en otra ocasión, ahorrar es posible sean cuales sean tus ingresos. No obstante, es cierto que hay épocas del año en que los gastos tienden a dispararse, por ejemplo, las fiestas de Navidad. Como estos son días de obsequios, comilonas y celebraciones, quiero regalarte algunas recomendaciones para que disfrutes de las fiestas sin renunciar al saludable hábito del ahorro. Vamos allá.

Santa Claus and presents

Espera a que lleguen las rebajas para comprar los regalos

Dar y recibir regalos el día de Reyes es una tradición muy bonita que nunca pierde su magia, ¿verdad? Este año te propongo lo siguiente: compra la mayor parte de los regalos, o al menos aquellos de mayor importe, dos o tres días después de que terminen las fiestas, cuando empiecen las rebajas de enero. De esta manera te beneficiarás de importantes descuentos que pueden alcanzar y superar el 50%. Por ejemplo, si quieres regalar a tu novio esos zapatos de piel que has visto en el escaparate, puedes hacerles una foto, imprimirla y plastificarla, guardarla en un sobre bonito, y entregársela el día de Reyes como un «vale de regalo» que él podrá canjear contigo en la tienda un par de días después (cuando la magia de las rebajas haya reducido su precio a la mitad).

Regala el fruto de tu creatividad

Los anunciantes nos han acostumbrado a pensar que los regalos deben ser comprados. Nada más lejos de la realidad. Si quieres sorprender con algo único y original, crea tus propios regalos. ¿Te gusta la fotografía? Pues, reúne las fotos de los mejores momentos que has pasado con tu novia durante este año y regálaselo. ¿Te gusta componer música? Escribe una canción para tu mejor amiga, queda con ella en su café favorito y cántasela delante de todos. Nunca lo olvidará. ¿Te gusta escribir relatos? Escribe un cuento a tu madre, imprímelo con una letra elegante en buen papel y regálaselo. ¿Eres mago? Ofrece una actuación para todos los niños de la familia. Como ves, hacer regalos extraordinarios está al alcance de cualquiera y no requiere ir de compras.

Organiza comidas de Navidad en las que todos aporten algo

Reunir en tu casa a tus amigos y familiares para cenar o comer no tiene por qué resultar caro o laborioso. Pídeles que cocinen su plato favorito para componer entre todos un menú de Navidad de lo más suculento. Que uno traiga su vino preferido, que otro se ocupe del postre, que otro prepare el aperitivo… Tú, como anfitrión, puedes ambientar tu casa con motivos navideños, hacer de fotógrafo, elegir la música para cada momento o aportar el champán.

Inventa tus propias fiestas

El día 31 de diciembre es muy habitual celebrar la Nochevieja yendo a beber y bailar a bares o salas de fiesta que ofrezcan barra libre hasta el amanecer. Otra opción mucho más económica con la que evitarás las aglomeraciones y a los borrachos es hacer fiestas en tu casa con tus amigos más cercanos. Reuníos para recibir el nuevo año con música y ropa de los años 60, o para ver de un tirón las tres películas de El Padrino y volver a disfrutar con las interpretaciones de Marlon Brando, Robert de Niro y Al Pacino, o para un maratón de La guerra de las galaxias (Star Wars) si es que preferís la ciencia ficción. Te aseguro que serán fiestas mucho más memorables que cualquier a la que puedas asistir en un lugar público.

Como ves, ahorrar en Navidades no significa que las fiestas pierdan lustre y emoción sino todo lo contrario. ¡Saca a pasear tu imaginación y encuentra formas originales de renovar el espíritu navideño dando un respiro a tu bolsillo!

 

 

Mitos sobre el ahorro que no debes creer (II)

Mitos sobre el ahorro que no debes creer (II)

Hace algunas semanas analicé dos de los mitos más extendidos acerca del ahorro. Hoy quiero ocuparme de otros dos: el que afirma que es imposible ahorrar por culpa de los salarios tan bajos que cobramos, y el que anima a gastar para protegerse de la pérdida del poder adquisitivo del dinero.

planificacion financiera

Mito número 3: hoy es imposible ahorrar

Según este mito sólo los ricos podrían ahorrar. Los demás, que tenemos que hacer frente a un coste de la vida cada vez más alto con salarios cada vez menores, estamos condenados a soñar con el día en que, por fin, podamos ahorrar un poco. Falso. Te sorprendería saber cuántos presuntos ricos sólo aparentan serlo y realmente están arruinados o endeudados hasta las cejas. Ahorrar tiene que ver muy poco con la cuantía de tus ingresos y mucho con la parte de esa renta que guardas regularmente. Sea cual sea tu nivel de ingresos, haz un esfuerzo por reducir tus gastos y ahorra todo el dinero que harás aflorar de ese modo. Cancela la suscripción a los canales de televisión de pago y ve a ver los partidos de fútbol a casa de los amigos aportando cervezas o refrescos. Compra menos libros y usa más las bibliotecas. Juega con tus hijos en casa en lugar de pasar la tarde en el centro comercial. Usa la imaginación para seguir disfrutando de lo que te gusta recurriendo a alternativas similares de menos coste o gratuitas. Recuerda: hay quien vive felizmente con menos dinero que tú. Aprende de esa persona. Y en el caso extremo de que después de haber analizado concienzudamente tus hábitos de gasto no hayas encontrado la forma de ahorrar, tendrás que empezar a pensar en formas de aumentar tus ingresos para salir cuanto antes de la situación tan precaria en la que estás viviendo.

Mito número 4: el dinero ahorrado pierde valor; es mejor gastarlo

¿Has notado que con la misma cantidad de dinero cada vez compras menos cosas? Ese es el efecto de la inflación. Los gobiernos, manirrotos por naturaleza, gastan tanto que no les alcanza con los impuestos que recaudan, y por eso se entregan al vicio de crear dinero nuevo que ayude a pagar sus despilfarros. Al haber más dinero en circulación, cada billete o moneda vale menos, pues lo abundante es menos valioso que lo escaso. Y por eso con tu dinero cada vez compras menos. Como esto es así y hasta que llegue el día en que los gobernantes se vean obligados a actuar con responsabilidad no hay más remedio que aprender a vivir con ello, debemos protegernos lo mejor posible contra el perjuicio de la inflación. A no ser que tengas tu dinero en una cuenta o en un depósito que te proporcione un interés igual o superior a la tasa de inflación, tus ahorros estarán perdiendo valor. Pero eso sólo significa dos cosas: que debes mantener en el banco el menor dinero posible y que tus ahorros deben estar invertidos en activos cuya alta rentabilidad neutralice el efecto de la inflación y te haga ganar más dinero. Adquirir participaciones de un buen fondo de inversión es una manera de obtener esa clase de rentabilidad. Sólo en circunstancias de inflación descontrolada y escasez generalizada tiene sentido refugiarse en la compra de bienes de consumo o duraderos. Al fin y al cabo, es más sensato acumular cosas para usar o intercambiar que fajos de papeles sin valor. En Venezuela, por ejemplo y por desgracia, lo saben y así lo están haciendo.

Mitos sobre el ahorro que no debes creer (I)

¿A ti también te enseñaron tus padres y abuelos que ahorrar era algo bueno? ¿Recuerdas cómo insistían en que debías acostumbrarte a hacerlo para que te fuese bien en la vida? Aprender a ahorrar desde pequeño tenía muchas ventajas, Para empezar, te permitía ser independiente. ¡Qué bien te sentías al gastar parte de tus ahorrillos sin tener que pedir dinero! Según te fuiste haciendo mayor, ahorrando con paciencia incluso pudiste empezar a darte algún capricho más caro: un bolso, un videojuego, unas botas de piel. Pero por encima de todo esto, parecía que tenías que aprender a ahorrar y a vivir dentro de tus posibilidades simplemente porque era lo correcto, porque ser un manirroto derrochón no estaba bien y te traería un montón de problemas en el futuro. Cuando nos hicimos adultos, sin embargo, las cosas cambiaron para muchos de nosotros, ¿verdad? De repente, ahorrar pasó a ser algo anticuado, una costumbre propia de ancianos. Lo divertido y actual pasó a ser gastar y no privarse de nada. ¡Ya tendrías tiempo de ahorrar más adelante! Bueno, pues nada de eso es cierto, y tampoco lo son muchas creencias que se han difundido acerca del ahorro y que han conseguido que tantas personas lo consideren algo anticuado, impopular e innecesario. A desenmascarar algunas de ellas voy a dedicar este artículo y el siguiente.

El tío Gilito y los mitos del ahorro

Mito número 1: ahorrar es cosa de avaros y tacaños

Cuando alguien te habla de ahorrar, ¿eres de los que responde «es que yo no quiero ser el más rico del cementerio»? Por desgracia, ahorrar evoca en demasiada gente las penurias del avaro Scrooge del Cuento de Navidad de Dickens o la piscina de monedas de oro de Gilito, el tío del pato Donald. Para muchos equivale a vivir incómodamente y con privaciones. Quizá los tacaños puedan soportar vivir así, pero la gente normal no (yo creo que ni siquiera los tacaños lo aguantan, pero eso es otra historia). Si piensas que ahorrar es no gastar, te equivocas, y quiero decírtelo bien claro: disfruta gastando tu dinero en lo que más te guste. Simplemente, no olvides reservar una parte de cada nuevo ingreso que recibas para hacer frente a gastos imprevistos, para inversiones o grandes compras como un coche o una vivienda, o para pagar la educación de tus hijos. ¿Te das cuenta de que no se trata de ser un tacaño? Se trata de ser previsor, de entender que tu vida, tus planes y tus ilusiones no abarcan sólo el presente, sino que alcanzan también a tu futuro. Ahorrar no te condena a una vida de estrecheces, al contrario, te procura una vida de seguridad y comodidades también en el futuro.

Mito número 2: ahorrar perjudica a la economía

Cuando oigas a alguien decir «si todos ahorráramos y nadie consumiera, nadie gastaría y la economía se hundiría», no te lo creas. Si fuese verdad, lo mejor para la economía sería que todos fuésemos unos manirrotos, que gastásemos hasta el último céntimo, y que después pidiésemos préstamos para seguir gastando. Piensa un momento: ¿de verdad crees que tu economía o la de tu familia se mantendría a flote durante mucho tiempo si la gestionases así? Sin embargo, eso es lo que muchos «economistas expertos» recomiendan. Y para constatar el desastre al que conducen sus recomendaciones basta mirar en qué estado se encuentran las finanzas de los países que con más alegría siguen sus consejos (Estados Unidos, Francia, España y tantos otros). ¿Quieres saber por qué cada vez pagas más impuestos? Ahí tienes la respuesta: por culpa de los gobiernos manirrotos de estados quebrados que gastan a tu costa como si no hubiese mañana. Tú no hagas lo mismo. El dinero que no gastes lo guardarás en el banco hasta que decidas dónde invertirlo. El banco lo prestará para que otros compren viviendas, automóviles, maquinaria, o lo inviertan en empresas. No te preocupes: tu dinero no estará ocioso. Precisamente, el negocio del banco consiste en moverlo obteniendo rendimientos. Y si no te fías de los bancos y prefieres guardarlo en una caja de zapatos la economía tampoco sufrirá, descuida. No te lo vas a comer ni lo vas a quemar para calentarte, ¿verdad? Más adelante lo gastarás todo o en parte en lo que te apetezca. Es tu dinero y tienes derecho a gastarlo cuando y como te plazca. Y hasta que llegue ese momento, la economía seguirá funcionando tan bien como se lo permitan.

¿Sabes cómo afecta tu estilo de vida a tus finanzas?

Dinero y estilo de vida¿Sabes cómo afecta tu estilo de vida a tus finanzas?

Aunque no seas consciente de ello, tu estilo de vida influye enormemente en tu situación financiera actual. Para ilustrar lo que quiero decir voy a hablarte de tres parejas con estilos de vida diferentes. Quizá te identifiques con alguna de ellas o conozcas a alguien parecido.

Pablo y Sara: los deudores

Pablo y Sara no se cansan de repetir:  «Hay que disfrutar del presente. Mañana, Dios dirá.» A base de préstamos se han construido una vida de posesiones y disfrutes que es la envidia de sus amigos. Ni a Sara ni a Pablo se les ocurriría jamás pagar algo en efectivo. Cambian de coche cada tres años, visten siempre a la moda, viven en una casa estupenda… pero todo se lo deben a los bancos. La casa la compraron con un crédito por el cien por cien, el coche lo están pagando a plazos, y el crucero por el Caribe lo pagaron con la tarjeta de crédito. Los dos ganan unos sueldos generosos, pero sus gastos superan con creces sus ingresos mensuales.

Si no cambian drásticamente su estilo de vida, a Pablo y a Sara el futuro se les puede complicar muchísimo. Lejos de usar sus altos ingresos para aumentar su patrimonio, lo que acumulan es una montaña de deudas. Bastará que uno de los dos pierda el empleo, sufra un accidente o caiga gravemente enfermo para que se les termine la fiesta y les embarguen la casa y algunas de sus posesiones. Sus amigos se compadecerán porque «parecía que todo les iba muy bien», pero Pablo y Sara lo achacarán a la mala suerte sin pararse a pensar que pagaban sus lujos a costa de hipotecar su futuro.

Óscar y Lidia: los consumidores

Óscar y Lidia se gastan todo lo que ganan en un sinfín de caprichos: el televisor de plasma, los ordenadores portátiles, los teléfonos móviles de última generación… Y si un mes sus ingresos combinados no alcanzan para todo, compran a plazos sin pararse a pensar que todo lo que compran así les sale mucho más caro y que seguirán pagando sus caprichos mucho después de haberlos disfrutado. Nada de eso importa. Al fin y al cabo, trabajan para gastarse lo que ganan. Óscar y Lidia saben que existen los fondos de inversión, los planes de pensiones y los depósitos a plazo. El problema es que todos los meses encuentran cosas nuevas que comprar: una cámara digital, un fin de semana en Londres, o un robot de cocina.

Su estilo de vida es sólo un poco mejor que el de Pablo y Sara, pero igualmente la pérdida del empleo, un accidente o una enfermedad podrían resultarles desastrosos. Sin un fondo de emergencia ni un plan de ahorro e inversión a largo plazo podrán mantener su estilo de vida hasta que se jubilen. A partir de entonces no les quedará más remedio que apretarse el cinturón y aprender a vivir con la pensión que el gobierno tenga a bien pagarles.

Alberto y Beatriz: los ahorradores

Alberto y Beatriz saben que vivir para gastar no conduce a ninguna parte y que quien tiene deudas se vuelve esclavo del banco. Su objetivo es hacerse ricos poco a poco. Mientras que los demás sólo se preocupan por ganar sueldos altos, ellos prefieren concentrarse en aumentar su patrimonio. Alberto y Beatriz no ganan más que las otras dos parejas. De hecho, ganan incluso menos. Pero a lo largo de toda su vida tendrán seguramente mucho más dinero y podrán dejar de trabajar mucho antes para disfrutarlo. ¿Cuál es la diferencia? Lo primero que hacen Alberto y Beatriz cuando ingresan algún dinero es construir su futura libertad financiera ahorrando al menos un 10% para invertirlo en activos de alta rentabilidad. Tienen algunas deudas, por supuesto: una hipoteca de pocos años que pagan con una letra mensual muy asequible, y un pequeño crédito que pidieron para comprar un coche de segunda mano en muy buen estado que piensan mantener muchos años. Todo lo demás lo han pagado siempre al contado. Alberto y Beatriz no son tacaños. Visten bien, viven en una casa bonita, salen a cenar, y se van de vacaciones con el dinero que les queda después de apartar lo que destinan cada mes a construir su libertad financiera.

Alberto y Beatriz entienden algo que Pablo, Sara, Óscar y Lidia aún no comprenden: si te comprometes a seguir un plan para hacerte rico poco a poco, muy pronto verás que siempre tendrás más dinero del que necesitas y que algún día llegarás a tener más del que quieres.

Aplica esta fórmula infalible y empieza a ahorrar todos los meses sin esfuerzo

Ahorrar es fácil

Siempre que hablo sobre ahorro con personas interesadas en mejorar su situación financiera alguien responde: «Pero yo no puedo ahorrar. Después de pagar todo, al final de mes no me queda nada». Esta queja, planteada habitualmente con insatisfacción y disgusto, es la expresión de un grave error que por desgracia está demasiado extendido. Permíteme que te lo explique.

Esto no es ahorrar

Para la mayoría de la gente ahorrar consiste simplemente en conservar en la cuenta corriente lo que queda a final de mes tras haber pagado todos los gastos. Veamos un ejemplo. Supongamos que ingresas en la cuenta 1.500 euros todos los meses y que gastas 800 en pagar el alquiler (demasiado respecto al ingreso total, pero eso es materia para otro artículo), 80 en gas y electricidad, 50 en el teléfono e Internet, 50 en transporte público, 250 en alimentación (incluyendo desayunos o almuerzos ocasionales en algún restaurante próximo a tu lugar de trabajo), 45 en el gimnasio, y 150 en salir con los amigos después de trabajar o los fines de semana. Al término del mes te quedarán solamente 75 euros. Si todos los meses ahorras esa cantidad, al final del año tendrás un remanente de 900 euros (75 euros x 12 meses). Si tienes en cuenta que es probable que tus gastos aumenten en diciembre para comprar regalos de Navidad, y en verano porque decidas pasar unos días de descanso en la playa o en la montaña, ese ahorro total anual de 900 euros puede disminuir ¡y hasta desaparecer! (Y date cuenta, por favor, de que no se me ha ocurrido sugerir siquiera que te endeudes para costear ninguno de estos gastos; eso sería una pésima decisión.) Esto no es ahorrar. Esto es gastar y, si queda algo, conservarlo para gastarlo más adelante.

Al actuar así estás colocando tus gastos en el primer lugar de tu lista de prioridades y el ahorro en el último. Tus gastos son los que mandan sobre tus finanzas, y así es normal que te sientas frustrado e impotente. Tu nivel de ahorro será imprevisible, puesto que unos meses conseguirás ahorrar un poco y otros nada en absoluto. Recobrar el control de tus finanzas te parecerá imposible, y será entonces cuando exclames (y con razón): «Yo no puedo ahorrar. Después de pagar todo, al final de mes no me queda nada». Así es imposible que construyas un fondo de emergencia que te permita mantener tu nivel de vida si tienes que dejar de trabajar durante un tiempo.

Pásate al ahorro automático

La clave para ahorrar todos los meses es convertirlo en algo automático que suceda antes de que gastes un solo céntimo. ¿Y cómo se hace eso? Muy fácil: en cuanto llegue el ingreso a tu cuenta, aparta una cantidad fija todos los meses (por ejemplo, no menos del 10%) y vive con el resto. Volviendo al ejemplo anterior: si ingresas 1.500 euros, aparta 150 y vive con 1.350. Casi no notarás la diferencia y enseguida te habrás acostumbrado a tu nuevo nivel de gasto. Para animarte, piensa que mucha gente ya vive mes a mes con ese dinero. Si ellos pueden, tú también. Es un procedimiento muy sencillo, como ves, pero debe ser automático: en cuanto llegue el ingreso a tu cuenta, aparta al menos un diez por ciento y ahórralo. Recuperarás el control de tus finanzas, el ahorro pasará a ser tu prioridad, y podrás disfrutar del resto de tu dinero sin angustia y sin sentimiento de culpa. Al cabo de un año habrás acumulado ¡1.800 euros! Por supuesto, ese dinero habrá estado generándote intereses en una cuenta remunerada durante todo ese tiempo. Y no te preocupes: aquí vas a aprender cómo ponerlo a trabajar para que rinda al máximo.

Un saludo muy cordial.

Luis A. Iglesias

Si perdieras tu empleo, ¿cuánto tiempo podrías mantener tu nivel de vida?

El drama del paro en España

Si hoy perdieras tu empleo, ¿cuánto tiempo podrías seguir manteniendo tu nivel de vida? Tanto si tienes un trabajo en el que ganas mucho dinero como si lo que cobras cada mes sólo te da para llegar a fin de mes, pregúntate: si mañana dejases de trabajar y de ingresar porque te despidieran, cayeses enfermo o dejases tu empleo actual para montar tu propio negocio, ¿durante cuánto tiempo podrías mantener tu tren de vida actual? Y si tienes personas a tu cargo, ¿cuánto tiempo podrías seguir procurándoles el estilo de vida al que están habituadas?

Cuando empecé a ganar mis primeros sueldos comprendí una de las lecciones más importantes de mi vida: si me acostumbraba a gastar todo el dinero que recibía al final de cada mes acabaría volviéndome dependiente del empleo que me lo proporcionaba, tendría que protegerlo como si mi vida dependiera de él (porque, de hecho, así sería) y me resultaría muy difícil abandonarlo para emprender mis propios proyectos personales y profesionales. Dicho de otro modo: me encadenaría a un empleo y vendería mi libertad a cambio de un salario al que por nada del mundo podría renunciar.

Para evitarlo aprendí a vivir por debajo de mis posibilidades, es decir, a gastar mucho menos de lo que ingresaba y a ahorrar e invertir la diferencia. Con el tiempo logré crear un «fondo para emergencias» que a lo largo de estos años me ha proporcionado una seguridad y una libertad de acción preciosas.

Si no posees un «colchón» de ahorros de este tipo te sugiero que empieces a  acumular en activos financieros líquidos y seguros o en una cuenta de ahorro, a ser posible remunerada, dinero suficiente para cubrir tus gastos corrientes por un periodo de entre 6 y 12 meses. Si crees que llegado el caso no tardarías mucho tiempo en encontrar una nueva fuente de ingresos con la que mantener tu nivel de vida, quizá te baste un fondo para 6 meses. Si en tu país es difícil encontrar trabajo, si crees que vas a tener que cambiar de profesión, o si quieres empezar tu propio proyecto empresarial, quizá te convenga un fondo de 12 meses de gastos corrientes.

Pero, ¿conoces cuáles son tus gastos corrientes? ¿Sabes en qué se te va el dinero cada mes? Empieza haciendo una lista, lo más detallada posible, que incluya al menos los siguientes conceptos:

  • vivienda (alquiler mensual o letra de la hipoteca)
  • alimentación
  • transporte (público o privado)
  • recibos (calefacción, agua, luz, etc.)
  • teléfono e Internet
  • seguros (automóvil, seguro médico, etc.)
  • ocio

Por ejemplo, si tus gastos corrientes ascienden a 1.500 euros, necesitarás dotar tu fondo de emergencia de 6 meses con 9.000 euros; si gastas unos 3.500 euros mensuales, tu fondo de emergencia de 6 meses será de 21.000 euros. Si sabes que en caso de perder tu empleo percibirás una indemnización o un subsidio, tenlo en cuenta también para hacer el cálculo. En cualquier caso, tú decides cuánto dinero necesitarás en función de tus circunstancias, pero sé realista y ten en cuenta que en estas cuestiones vale más ahorrar en exceso que quedarse corto.

En resumen: empieza ya a construirte un futuro de seguridad y autonomía ahorrando mes a mes, poniendo ese dinero en activos financieros líquidos y seguros o ingresándolo en una cuenta (mejor si es remunerada), y no lo toques. Repito: no lo toques. Imagina que es una póliza de seguro que sólo rescatarás en caso de absoluta necesidad (no en pagar unas vacaciones o en reformar tu casa). No imaginas qué tranquilidad te dará saber que, ocurra lo que ocurra, tus necesidades y las de los tuyos estarán cubiertas mientras buscas una nueva fuente de ingresos.

Y tú, ¿ya tienes un fondo de emergencia? ¿Cuánto tardaste en ahorrar el dinero necesario? ¿Alguna vez has tenido que hacer uso de él?